jueves, septiembre 29, 2005


[…] Seguiré revolcándome entre sueños, enredándome más en tus infiernos. Sumérgeme en tu más profunda demencia, llévame a la decadencia, embébeme en incoherencias. No temo lo que pueda suceder, no temo lo que vaya a conocer; nada tan horrible como para sorprenderme, acaso no has tenido tiempo de verme?

Puedo ver a través de ti, el ser más traslúcido que conocí. Aunque te escondes detrás de las sombras, te refugias entre tinieblas -estúpido y maldito mecanismo de defensa- veo claramente cada cosa que sientes, descifro fácilmente lo que sucede en tu mente.

Dulce criatura, indefensa, a la intemperie, puedes mostrarte fuerte pero en el fondo no lo eres. Pierdes la confianza, careces de esperanza. ¿Camino recto a la desesperación? No pierdas aún la ilusión. Tu felicidad descansa en buenas manos. ¿Dejarás que te ayude o seguirás escapando? Sabes lo que soy capaz de hacer, tú me has dado todo ese poder. Déjate caer, yo te rescataré. […]