Siento la luz traicionarme, mostrándome salidas donde sólo hay callejones; trampas mortales vestidas de soluciones. Y el sol sigue cayendo sobre el horizonte fraudulento…
Al final ni siquiera importa el haber tenido que caer y perderlo todo, sólo para volver al punto de origen, tan perdida o más aún que antes. Al final en verdad no importa haber vivido y haber sufrido, haber actuado y haber sentido. Al final parece nada importar… si en el final, todo se echa al olvido…
Pero no desistiré; seguiré andando en mi engañoso bosque de Óbito, plantado de falsos árboles de plástico y desabridas flores de papel; morado de inertes vegetales podridos, falaces y enredados caminos…
Aquí, donde reina la total anarquía: tierra de nadie, sangre de todos. Mentes vacías, almas perdidas, habituales moradores de esta jungla del odio.
Seguiré por mi bosque pantanoso, revolcándome en mi barro. Aquí, donde magras manos sucias, emergentes del fango, intentan alcanzarte, sedientas de tu sangre. Abrevándose de tu esencia, usurpando tu cuerpo, incontenibles, asediando en el silencio. Despojando tu vaga mente de toda cordura existente, desmenuzando tu alma, hurtando toda vida restante. Cada paso dado en falso puede costarte la razón, una ráfaga de hilaridad puede helarte el corazón. Sólo un suspiro puede aniquilar el dulce brillo de tus ojos, con rozarte se apoderan de todo latente arrojo.
Insuficientes advertencias sobre este intangible mundo, ni yo misma puedo prever, aquí todo es tan absurdo. No entres, no pises este suelo de perdición, sé de lo que hablo, así lo he creado yo. Entre maleza y enredaderas, entre barro y devastación, entre toda la demencia, en el medio me hallo yo; entre gemidos y alaridos, entre delirios y dolor, entre lágrimas y sangre, en el medio me encuentro yo.
Este mundo yo lo he creado, en éste me he refugiado, hasta consumirme en mi propia destrucción. En este infierno he ardido, en éste me he quemado, hasta ser las cenizas que hoy soy. Entre brasas y azufre, enmedio estoy yo.
Seguiré, seguiré, nadie puede detenerme, adentrándome más y más en mi trastornada mente. Aquí donde soy libre, donde hay sueños infinitos, donde reina la incoherencia y dos más dos siempre son cinco.
